Y pisar un charco, y no quejarte, sino chillar y pisar el siguiente, y notar como el agua te cala los pies, moja hasta el último trocito de piel, y sonreir. Y buscar un banco para sentarse, y que esté mojado, y sentarte, y pensar que te da igual, que se lo secas al siguiente que venga, y ser feliz, y no dejar que nada te hunda, y pensar en él, y luchar por todo lo que quieres y mirar una gota caer. Y reir. Reir.

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